Crítica a "¿Escuelas de formación ideológica, qué es eso? de Ricardo Abud
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Una de las (pocas) cosas que comparto con Ricardo Abud, en su texto, sin lugar a dudas es la necesidad de recuperar a la juventud, traer de nuevo aquellas mentes de antaño que lograban cambiar el mundo. Hoy en día las mentes revolucionarias han desaparecido bajo la sombra de una sociedad tan gigante que es capaz de reducir al mínimo las consideraciones de cualquiera, mucho más cuando se ve a los jóvenes únicamente como engendradores de dificultades sociales, somos quienes “destruyen y perjudican”, pero eso, no es más que una frase sin sentido que busca opacar el espíritu de ser joven, de ser revolucionario, de querer dejar huella y cambiar.
Yo no lo pensaría desde el partido, puede sonar bastante controversial, pero creo que la juventud no será capaz de redimirse mediante la política, por lo menos no la de hoy. ¿Por qué?, porque somos jóvenes y tal como no se puede esperar que un niño se siente 16 horas a estudiar geometría, así mismo no se les puede pedir a los jóvenes que ingresen a un mundo en el cual desde siempre se les ha opacado, seamos sinceros, no a muchos les interesa la política, no porque no tengan qué opinar, sino porque sus opiniones siempre serán tildadas de “adolescentes”, sin fundamento. Pero tampoco la solución es volvernos los más ilustres en ciertos temas, ni declamar discursos muy bien elaborados e incluso pretensiosos, en donde pensemos que la persuasión por medio de la palabra será la única vía para que seamos escuchados, no, no creo que sea ese no es el camino. Tal vez el camino es la autenticidad, el ser jóvenes, pensando como jóvenes, actuando como jóvenes, viviendo como jóvenes.
Y ahí entra un poco mi opinión sobre las Escuelas de Formación Ideológica, que sin duda son un muy interesante impulso para muchos jóvenes, que crean conocimiento y que crean espacios para que las ideologías sean libremente “formadas”. Sin embargo, yo considero que una escuela, desde el punto más básico de academia, no es un lugar donde se inserte una doctrina especial a todos por igual, en la academia no puede ser aceptado el dogma ni mucho menos los juzgamientos a la ligera, yo creo que es un lugar de construcción de conocimiento mutuo, de constante debate y adaptación de ideas, ninguno nació aprendido y ninguno morirá aprendido, de lo que escuchamos de los demás salen muchos de nuestros pensamientos, y ahí es donde debe nacer el espíritu joven.
El reclamar, el hablar, el expresar, el ser autentico y el tener la capacidad de adaptar nuestras opiniones a lo que somos, es tal vez la mejor forma de hacer política, una política que no se deje contaminar por las incidencias de los extremismos ideologicos, para que estas Escuelas de Formación, no sea donde la ideología forme a los jóvenes sino donde los jóvenes formen la ideología, somos nosotros, los creadores, los motivadores y los impulsores históricos de nuevas ideas, somos quienes -liberales por naturaleza-, buscamos siempre el cambio, la rebeldía hacia una sociedad opresora, somos quienes –algunos- tenemos la mente aún transparente, limpia, nueva y dispuesta a escuchar, a hacer un proceso de aprehensión donde seamos nosotros, con un carácter fuerte, llenos de convicciones y de principios quienes promulguemos nuevas ideas, quienes construyamos la ideología (sea cual sea), yo me tomaría el tiempo para pensar en cuántos de nosotros, como jóvenes tenemos la capacidad de ingresar a la academia con la intención de escuchar y de procesar aquello que escuchamos para adaptarlo a nuestras vidas, desde el arte, desde la música, desde el estudio, desde el deporte, desde las modas, desde la rumba, desde los noviazgos, desde las aventuras desde todo lo que realmente nos hace ser quien somos, jóvenes. Definitivamente en eso –y sólo en eso- estoy de acuerdo con el escritor del texto, necesitamos mentes renovadas y con un total desapego a la sociedad tan viciada del siglo XXI.



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