Durante la pasada edición de Campus Party Colombia, se llevaron a cabo varios debates que además de poner en la mesa temas de tecnología y sociedad, desmitificaron el uso de las redes sociales, los blogs y las herramientas electrónicas, más aún en temas de control político y de participación ciudadana, pero ¿cómo entender la tecnología desde los entes gubernamentales y las instituciones del Estado como el Congreso de la República?, ¿cómo se puede formar una revolución tecnológica que renueve y democratice la participación ciudadana?
Véalo en el Ágora de:
Después de asistir a este evento e incluso en una que otra conversación dentro de Campus Blog, pensaba en la necesidad de articular las nuevas tecnologías como fundamento esencial de participación libre en un país, el cual, si bien no concibe como usual el uso de Internet o redes sociales, puede generar bases para algún día ver periodos legislativos donde los ciudadanos tengan la oportunidad de proponer abiertamente y que su voz sea escuchada gracias a redes sociales como Twitter o Facebook.
Pero aún existe la pregunta de cómo puede la tecnología convertirse en un motor funcional de participación ciudadana en Colombia y cómo desde este postulado se pueden hacer avances en temas de corrupción, educación cívica y democracia, entre otros. De ahí que pensemos en muchas formas para movilizar un engranaje de participación democrática por medio de las nuevas tecnologías.
Una de estas formas corresponde al papel que cumple en la sociedad el Congreso de la República y aún más el deber del senador de articular las peticiones de sus votantes y conformarlas como propuestas sólidas con el sello auténtico de aprobación ciudadana. Allí es donde entra Twitter y Facebook, entre otras redes sociales, como las herramientas ideales para fusionar participación ciudadana con compromiso parlamentario. Y es que el senador cuyo objetivo primordial es escuchar a las personas, más que ser escuchado, se convierte no sólo en el más admirado sino también aquel que puede desarrollar proyectos de ley que realmente sean positivos para la sociedad, que vayan más allá de la coyuntura política y de los enfrentamiento ideológicos y se enfoque en la construcción de país, que atienda al ciudadano.
Entonces veo que ahí Twitter, Facebook, Blogs, y la red misma no se convierten sólo en los medios para conseguir votantes en épocas electorales, ni tampoco son el caldo de cultivo para opiniones aligeradas, sino que se conforman como verdaderos instrumentos de participación, discusión y debate que sin lugar a dudas baja del pedestal al senador y lo hace estar más cerca de los ciudadanos, de sus propios votantes, y le permite a ellos sentirse y verse escuchados. Esta fórmula que ha sido tan exitosa en las empresas privadas, incluso en Colombia, también puede ser exitosa desde el ámbito público, el día en que cada colombiano confíe en la Red como una plaza cívica donde la discusión está abierta, siempre.
Por medio de Congreso Visible, Corrupedia, y otras instituciones que abren las posibilidades de participación activa, se ve un poco más cercano el día en que el colombiano común logre democratizarse a sí mismo mediante sus acciones en la Red, donde el Congreso de la República y en sí todas las instituciones estatales logren la transparencia que todos esperamos por medio de las tecnologías que - por supuesto- no se pueden limitar a la remodelación del Salón Elíptico sino que deben ir más allá, insertarse en las calles de Colombia y escuchar a los que no han sido escuchados.
Claramente cada senador, representante, congresista y actor político tiene una gran oportunidad en Internet y las redes sociales para escuchar a los ciudadanos y conformar mesas de trabajo alrededor de las necesidades reales el pueblo, así mismo, cada ciudadano tiene una gran oportunidad en Internet y las redes sociales para participar y hacer valer su voz más que su voto, del modo más formal y saliéndose del paradigma del chisme y las habladurías políticas sin sentido a las cuales Colombia está acostumbrada, eliminando gran parte de la analfabetismo político y pensando en la labor parlamentaria como un trabajo finalmente útil para el país, por obvio que esto parezca.




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